Transferir dinero entre países siempre ha sido costoso, lento y burocrático. En 2025, Pix movió R$ 35,36 billones y registró 79,8 mil millones de transacciones, según datos del Banco Central divulgados por G1. Este contraste dice mucho sobre el momento que atraviesa América Latina y cómo se adaptará a los pagos cross-border.
Lo que funcionó durante décadas en el sistema financiero internacional comienza a ser cuestionado por una infraestructura regional más ágil. Open Finance, las APIs financieras y los pagos instantáneos están creando las condiciones para que las transferencias entre países operen con la misma practicidad que las transacciones del día a día.
Sigue leyendo este artículo y entiende cómo funciona este proceso en la práctica y qué cambios implica para empresas y consumidores.
Los desafíos de los pagos internacionales
Durante décadas, los pagos cross-border estuvieron marcados por estructuras poco eficientes. La dependencia de redes bancarias corresponsales, los costos de conversión cambiaria y los plazos de liquidación hicieron que las transferencias internacionales fueran más lentas y costosas de lo necesario.
En América Latina, este escenario tiene características particulares. La fragmentación de los sistemas de pago entre los países, combinada con marcos regulatorios distintos y cierta inestabilidad política en algunas partes de la región, crea capas adicionales de complejidad. Entre los factores que más influyen en este contexto se encuentran:
- Volatilidad cambiaria, que genera riesgos tanto para consumidores como para empresas que operan con múltiples monedas;
- Regulaciones cambiarias rígidas y poco armonizadas entre los países;
- Brechas en la infraestructura tecnológica que dificultan la conectividad entre sistemas financieros;
- Altos costos de intermediación, que afectan especialmente a las remesas de menor valor.
Estos elementos, en conjunto, siempre han limitado la interoperabilidad financiera regional. Lo que está cambiando es la velocidad con la que surgen alternativas para superar estos obstáculos.
Pagos instantáneos: un nuevo estándar de referencia
El Pix es el caso más emblemático de este cambio. Lanzado por el Banco Central de Brasil en noviembre de 2020, el sistema ya cuenta con más de 170 millones de usuarios y movió R$ 35,36 billones en 2025, según datos del Banco Central.
El impacto práctico fue crear una nueva expectativa entre consumidores y empresas: los pagos deben ser inmediatos, gratuitos o de bajo costo, y estar disponibles en cualquier momento. Este estándar también empieza a ejercer presión sobre los pagos internacionales.
Otros países de la región avanzan en la misma dirección. En Colombia, Transfiya conecta bancos y fintechs para transferencias en tiempo real. En Perú, Plin y Yape suman decenas de millones de usuarios. En Argentina, Transferencias 3.0 avanza con la misma lógica. La pregunta que el mercado comienza a hacerse es: ¿cuándo se conectarán estos sistemas entre sí?
Interoperabilidad financiera: qué falta para la integración regional
Para que los pagos cross-border alcancen la fluidez de los pagos domésticos, es necesario que los sistemas de diferentes países puedan intercambiar información de forma estandarizada y segura. Esta capacidad de comunicación entre infraestructuras distintas es lo que se conoce como interoperabilidad financiera, y sigue siendo un cuello de botella central en América Latina.
Open Finance tiene un papel concreto en este avance. Al crear reglas para el intercambio estructurado de datos financieros entre bancos y otras instituciones, abre el camino para que los servicios de pago operen más allá de las fronteras de un único sistema. En Brasil, el modelo ya está en funcionamiento. En otros países de la región, los marcos regulatorios aún están en construcción, pero la tendencia es hacia la convergencia.
APIs y stablecoins como parte de la solución
Dos elementos tecnológicos están ganando protagonismo en este proceso: las APIs financieras y las stablecoins.
Las APIs funcionan como conectores entre sistemas que, de otro modo, no se comunicarían. Permiten que fintechs y bancos integren servicios de pago sin necesidad de reconstruir toda la infraestructura desde cero. En la práctica, esto reduce el tiempo y el costo de crear soluciones cross-border funcionales.
Las stablecoins son activos digitales vinculados a monedas como el dólar, lo que reduce la volatilidad asociada a otras criptomonedas. En los pagos internacionales, permiten liquidaciones más rápidas y con menores costos de conversión, algo especialmente relevante en países donde el tipo de cambio es más inestable o el acceso a los servicios bancarios tradicionales es limitado. No son una solución universal, pero representan una alternativa viable para determinados flujos de pago.
Las cifras muestran que esta adopción ya salió del plano teórico. América Latina movió miles de millones en transacciones con stablecoins en 2025, con un crecimiento del 89% en comparación con el año anterior, impulsado principalmente por remesas y pagos internacionales. Brasil y Argentina lideran este movimiento, con empresas como Nubank, Bitso y Ontop integrando stablecoins en los pagos de manera cada vez más transparente para el usuario final. Lo que antes era una alternativa para quienes no tenían acceso al sistema bancario tradicional comienza a convertirse en infraestructura para quienes buscan operar con mayor agilidad dentro de él.
Qué cambia en la práctica para empresas y consumidores
Para las empresas que operan en el comercio internacional o el comercio electrónico, los pagos cross-border más eficientes tienen un efecto directo en la operación. Liquidaciones más rápidas mejoran el flujo de caja. Menores costos de intermediación aumentan los márgenes. Y una menor fricción en el proceso de pago reduce el abandono de transacciones internacionales.
Para los consumidores, el cambio es aún más inmediato: enviar dinero a otro país, pagar por un servicio extranjero o recibir una remesa deja de requerir burocracia y pasa a funcionar con la misma practicidad de los pagos digitales que ya utilizan en su día a día.
La transformación de los pagos cross-border en América Latina no depende de una tecnología que aún esté por llegar. Los componentes ya existen: sistemas de pagos instantáneos consolidados, regulaciones de Open Finance en desarrollo, APIs disponibles y una base creciente de usuarios digitales.
Lo que está en construcción es la capa de integración entre estos elementos. Cuando alcance la madurez, transferir dinero entre países de la región debería ser tan sencillo como hacer un Pix. Y ese momento, contrario a lo que se solía decir, ya no parece tan lejano.
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