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Del escenario al producto: IA aplicada, capital selectivo y ecosistemas que entregan innovación en el mercado financiero

Participar en eventos relevantes como São Paulo Innovation Week (SPIW), Darwin On The Road e Impacta Mais trajo una constatación clara: la innovación en el mercado financiero no solo sigue activa, sino que entró en una nueva fase. Si antes el debate estaba dominado por conceptos, hoy el escenario es otro. La inteligencia artificial, por […]

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Participar en eventos relevantes como São Paulo Innovation Week (SPIW), Darwin On The Road e Impacta Mais trajo una constatación clara: la innovación en el mercado financiero no solo sigue activa, sino que entró en una nueva fase.

Si antes el debate estaba dominado por conceptos, hoy el escenario es otro. La inteligencia artificial, por ejemplo, dejó de ser una promesa para consolidarse como aplicación práctica, con foco directo en experiencia del cliente, eficiencia operativa y personalización a escala.

Ese cambio, por sí solo, ya sería relevante. Pero lo que realmente llama la atención es lo que impulsa esta transformación: la fuerte conexión entre tecnología, inversión y ecosistema. En los últimos meses, he visto esta misma agenda aparecer en diferentes escenarios, lo que dice mucho sobre el momento del mercado.

En São Paulo Innovation Week (SPIW), el tema fue tecnología y tendencias. En Impacta Mais, el foco fue inversión e impacto. En común, un mensaje directo: se acabó la era de la innovación como performance. Comenzó la era de la innovación como entrega.

Ese mensaje es especialmente relevante para el sector financiero, donde “innovar” siempre fue un verbo caro: por la complejidad regulatoria, el legado tecnológico y el riesgo reputacional. Y justamente por eso, lo que está emergiendo ahora es una especie de “selección natural”, en la que las iniciativas que sobreviven son las que reducen fricción, aumentan eficiencia y logran escalar.

Si la innovación dejó de ser discurso, vale la pena entender qué hay detrás de este cambio. Es en este contexto que intento organizar algunas lecturas sobre lo que, en la práctica, está sosteniendo esta nueva fase: la evolución de la inteligencia artificial aplicada, un capital más selectivo y exigente, y el papel del ecosistema como motor real de innovación.

La inteligencia artificial (IA) aplicada

En SPIW, la inteligencia artificial apareció menos como futurismo y más como línea de producción: atención, personalización, eficiencia y automatización de procesos. Son aplicaciones prácticas y medibles. La IA salió del laboratorio. Y, con eso, perdió la paciencia con la improvisación.

Este es un desplazamiento importante: el debate dejó de ser “qué se puede hacer” y pasó a ser “qué genera retorno y soporta escala”. Y a esto le sigue la provocación: la IA no es un proyecto. La IA es una capacidad organizacional. Exige datos, procesos, gobernanza y un diseño operativo que no se derrumbe en el primer pico de demanda. Cuando eso no existe, la promesa de la IA se convierte solo en una nueva forma de apilar herramientas sobre un problema antiguo.

Inversión con filtro

La segunda señal de madurez vino del lado de la inversión. El mercado de fintechs en Brasil atraviesa un ciclo que mezcla prudencia y sofisticación. El número de rondas cayó mucho en comparación con 2021, pero el volumen invertido en 2025 aún sumó US$ 2,77 mil millones.

Es decir: el capital también cambió. El momento ahora es de menos euforia y más exigencia. Un indicador fuerte de que el dinero no desapareció; se volvió más criterioso.

Este movimiento tiene una consecuencia práctica: los modelos frágiles y las tesis genéricas pierden espacio. Ganan relevancia las soluciones que combinan tracción, capacidad de ejecución, madurez operativa y una lógica de crecimiento menos dependiente de “quemar caja” indefinidamente. Por eso, cada vez más, la conversación sobre innovación financiera está atravesada por temas como eficiencia, gobernanza y sostenibilidad del modelo, y no solo “disrupción”.

Tecnología + inversión + impacto (de verdad)

Acompañar algunas discusiones en Impacta Mais trajo una capa adicional: no basta con innovar; es necesario orientar la innovación hacia desafíos reales de la sociedad, donde la IA y el capital aparecen conectados a problemas del mundo real, no solo a discursos o presentaciones.

Para el mercado financiero, esto funciona como una advertencia: el sector siempre fue un gran “motor” de infraestructura económica. Cuando la IA y la inversión se unen para resolver cuestiones estructurales (acceso, productividad, riesgo, cadenas, datos), la innovación deja de ser periférica y se convierte en parte del diseño de competitividad del país.

El ecosistema es más que networking: es infraestructura de deal flow y aprendizaje acelerado

Aquí está el giro más importante, y quizá el más subestimado. SPIW reforzó cuánto la innovación abierta se consolidó como modelo: la colaboración entre startups, corporates y hubs acelera la co-creación y el pipeline. Pero “ecosistema” no puede tratarse como una agenda social. Si la conexión no se convierte en proyecto, alianza, adquisición, contrato o aprendizaje incorporado, se vuelve solo una foto.

Es exactamente por eso que la alianza de Torq con Darwin Startups para la realización del proyecto On The Road es un ejemplo útil: la propuesta del circuito es crear encuentros presenciales por Brasil para acercar startups, corporaciones e inversionistas, con contenido, mentorías y networking calificado, con un diseño pensado para generar relación y oportunidad (no solo conversación por conversación).

Y cuando este tipo de iniciativa está bien diseñada, produce señales objetivas. En el fondo, ecosistema es eso: un motor continuo de sourcing (startups), aprendizaje (tendencias aplicadas) y construcción de reputación (autoridad). La diferencia entre “estar presente” y “ser relevante” es tener un mecanismo repetible para transformar encuentros en próximos pasos.

Qué cambia para las empresas (y líderes) que quieren innovar en el mercado financiero

1) La IA necesita dueño y consecuencia

Sin gobernanza y objetivos de negocio, la IA se convierte en un costo con apariencia de modernidad. La pregunta no es “¿tenemos IA?”, sino “¿qué proceso mejora y qué métrica mueve?”.

2) La innovación abierta necesita método

Alianza por alianza es ruido. Lo que funciona es diseñar pipeline, criterio y ritmo; además de construir confianza para que corporación y startup operen juntas con claridad de expectativas.

3) El ecosistema necesita ser estrategia, no agenda

El valor del ecosistema está en funcionar como una red viva y descentralizada de oportunidades, como una especie de “radar” en tiempo real para la innovación aplicada.

Cómo esto conversa con Torq y Evertec ahora

El papel de Torq, como hub de innovación y CVC, es justamente operar en esta intersección: tecnología aplicada + conexión con startups + visión de inversión + agenda de ecosistema. Y esto se materializa no solo en eventos, sino también en inteligencia de mercado.

Un ejemplo son los materiales producidos por Evertec y también los mapeos lanzados por Torq en alianza con Sling Hub, reforzando la ambición de transformar datos en contenido estratégico.

Al final del día, mi opinión es simple: la innovación en el mercado financiero entró en una fase adulta. Ya no acepta “prueba y error” sin disciplina. Exige gobernanza. Exige ejecución. Exige ecosistema con método. Y exige coraje para elegir menos iniciativas y entregar mejor.

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