Medios de pago
07/04/2026

Convertirse en el hub de pagos digitales de América Latina

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Juan Rial Hawila

Commercial Head Mexico, Evertec

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México tiene el potencial de convertirse en un hub de pagos digitales en América Latina gracias a su infraestructura madura como SPEI, el crecimiento de las transferencias en tiempo real y la evolución hacia ecosistemas interoperables. La clave estará en fortalecer la seguridad, la resiliencia operativa y la inclusión financiera para escalar de manera sostenible.

En una mañana típica entre semana, un pequeño distribuidor concilia las ventas de la noche anterior y envía tres pagos a proveedores antes de que salga el primer camión de reparto. Los montos no son grandes, pero el momento importa: el inventario solo se mueve cuando el dinero se mueve. Lo que ha cambiado en México no es que estos pagos existan, sino que la velocidad se está convirtiendo en algo asumido. Las transferencias en tiempo real han pasado de ser una “funcionalidad” a convertirse en una expectativa básica sobre cómo empresas y hogares gestionan su flujo de caja.

Esa expectativa está respaldada por infraestructuras que operan de forma continua y a gran escala. SPEI, el sistema de pagos electrónicos interbancarios de México, procesó aproximadamente 5.410 millones de transacciones en 2024, con un crecimiento anual cercano al 39%, y se ha convertido en un componente central de las transferencias cotidianas en todo el país. Aún más revelador es lo rutinarias que se han vuelto estas operaciones: entre julio de 2023 y junio de 2024, cerca del 90% de las transferencias de SPEI fueron transacciones de bajo valor entre usuarios finales, y más de 73 millones de adultos utilizan el sistema. Cuando la mayoría de las transferencias son pequeñas y frecuentes, la historia deja de ser sobre modernización bancaria y pasa a ser sobre comportamiento económico.

La oportunidad de México para convertirse en un hub regional se encuentra precisamente en ese cambio de comportamiento. Los hubs surgen donde convergen la confianza, la escala y la repetibilidad: donde un pago no solo es rápido, sino consistentemente rápido, independientemente de quién lo inicie o cuándo. América Latina avanza en esa dirección, con sistemas de pagos en tiempo real que elevan las expectativas regionales e iniciativas transfronterizas que buscan eliminar barreras técnicas mediante enfoques de conectividad comunes. México está bien posicionado porque combina un gran mercado interno con una infraestructura de transferencias madura que ya está moldeando cómo consumidores y empresas definen lo “normal”.

Aun así, sería poco realista describir a México como una economía completamente digital. El efectivo sigue siendo relevante, especialmente en compras de bajo valor y en zonas donde la aceptación o la conectividad son desiguales. Según una estimación de un experto, el efectivo aún representa aproximadamente el 62% de las transacciones. Esta realidad no contradice la narrativa del hub; más bien aclara el trabajo que queda por hacer. Un hub no se construye declarando la victoria sobre el efectivo. Se construye ampliando la aceptación confiable y diseñando pagos digitales que resulten prácticos para los segmentos que todavía dependen del comercio informal y del intercambio presencial.

Por eso la infraestructura merece más atención de la que a veces recibe en la industria. “Infraestructura” no es solo el riel, SPEI, los flujos basados en QR o las nuevas transferencias mediante identificadores proxy, sino también la capa operativa que lo rodea: procesos de incorporación, monitoreo, lógica de enrutamiento, controles de liquidación, conciliación y manejo de disputas. A medida que los volúmenes aumentan, la excelencia operativa se convierte en un diferenciador competitivo para el ecosistema. La tolerancia del mercado a interrupciones, retrasos o confirmaciones inconsistentes se reduce rápidamente cuando las personas se acostumbran a resultados inmediatos.

La seguridad y la resiliencia son inseparables de esa capa operativa. Los pagos más rápidos reducen el tiempo disponible para detectar anomalías, por lo que los controles antifraude y los mecanismos de autenticación deben ser más sólidos y eficientes. La tokenización, por ejemplo, se ha convertido en un enfoque ampliamente adoptado en los pagos digitales porque reduce la exposición de datos sensibles sin añadir fricción visible a la experiencia del usuario. En México, donde la digitalización avanza mientras el efectivo sigue siendo de uso común, fortalecer la confianza es tan importante como aumentar la velocidad, porque la adopción sigue a la confianza, no solo a la conveniencia.

El siguiente paso es cambiar la conversación de las transacciones a los ecosistemas. Una transacción es una autorización o transferencia exitosa. Un ecosistema es todo lo que ocurre antes y después: cómo se incorporan los proveedores, cómo se concilian automáticamente los pagos, cómo se gestionan reembolsos y excepciones, cómo los datos se transforman en decisiones operativas y cómo todo esto se mantiene consistente a través de distintos canales. Aquí es donde los proveedores tecnológicos pueden aportar mayor valor: no agregando otro método de pago más, sino reduciendo la fragmentación para que bancos, Fintech y comercios puedan ofrecer experiencias confiables a gran escala.

El papel de Evertec en la región ofrece una perspectiva práctica sobre lo que significa habilitar ecosistemas. La compañía opera en 26 países de América Latina y el Caribe y procesa más de 11 mil millones de transacciones al año a través de redes electrónicas de pago, atendiendo a instituciones financieras, comercios, corporaciones y agencias gubernamentales con soluciones de misión crítica. La relevancia de esta presencia no es una cuestión de marca, sino de aprendizaje. Una región tan diversa como América Latina requiere sistemas capaces de adaptarse a reglas y comportamientos locales mientras mantienen estándares operativos comunes, una capacidad esencial para cualquier mercado que aspire a actuar como hub.

En México, mi responsabilidad como Commercial Head es ayudar a traducir esa experiencia regional en resultados locales trabajando con clientes y socios en uno de los mercados de pagos más dinámicos de la región. Las conversaciones más productivas que veo hoy no giran en torno a adoptar un solo riel de pago, sino a construir capacidades flexibles: patrones de integración modulares, conectividad basada en APIs y herramientas operativas que permitan a las instituciones lanzar y cumplir con regulaciones sin tener que reconstruir componentes centrales cada vez que el ecosistema evoluciona. Cuando esas bases están establecidas, la innovación se vuelve menos riesgosa porque los nuevos productos pueden incorporarse sin comprometer la confiabilidad.

La interoperabilidad es donde México puede convertir su madurez doméstica en una ventaja regional. América Latina avanza gradualmente hacia un futuro donde los flujos transfronterizos serán más rápidos y transparentes, y donde conectar diferentes sistemas de pago mediante interfaces estandarizadas se considera cada vez más el camino hacia la escala. En términos prácticos, la interoperabilidad reduce los costos de integración, mejora la conciliación y permite estrategias de enrutamiento que mantienen los pagos en movimiento incluso cuando una ruta se congestiona. Para las empresas que operan en la región, esta capacidad puede marcar la diferencia entre lanzar operaciones en meses o en semanas, y entre procesos locales fragmentados o un modelo operativo coherente.

México tiene los ingredientes para liderar, pero los hubs se construyen con disciplina. La siguiente etapa dependerá de continuar invirtiendo en resiliencia, seguridad y aceptación, especialmente entre los comercios más pequeños, y de mantener una colaboración que garantice que los pagos en tiempo real sigan siendo predecibles a medida que aumenta la participación. Si México continúa fortaleciendo la capa operativa que rodea sus infraestructuras de pago y prioriza la interoperabilidad como principio de diseño, puede convertirse en un referente de cómo circula el valor digital en América Latina: no solo rápidamente, sino de forma confiable, en cualquier momento y dentro de un ecosistema que funciona como una red.

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