Hace más de 20 años tuve mi primera introducción al mundo de los productos corporativos, los cuales se convirtieron en mi día a día y en el área más relevante de mi experiencia profesional.
La tarjeta corporativa (de crédito o prepaga) no ha cambiado radicalmente desde su propuesta de valor principal, financiamiento, control y seguridad, pero el ecosistema de pagos en el que opera hoy es prácticamente irreconocible.
A inicios de los 2000, más del 60 % del gasto capturado en las tarjetas corporativas provenía de T&E (viajes y representación). El producto era físico, con una banda magnética y las herramientas de control que hoy consideramos básicas: reportería, límites y la administración de jerarquías, eran diferenciales competitivos.
El pago a proveedores (B2B), tanto en su estrategia de adquirencia como de emisión, se basaba en mayor medida en gastos recurrentes de alta transaccionalidad con tasas de descuento moderadas y con esquemas de cargo automático, lo cual permitía su alta aceptación y fácil adopción por parte de las empresas. De igual forma, la «tarjeta de compras» era, en muchos casos, un plástico guardado en un cajón o un producto virtual con controles limitados.
Luego llegó el 2008.
La crisis financiera global, originada en el colapso del mercado hipotecario en Estados Unidos, provocó una contracción abrupta del crédito y una caída significativa del gasto corporativo a nivel mundial.
Para el segmento de tarjetas corporativas, el impacto fue inmediato: el T&E se redujo drásticamente, los presupuestos se congelaron y los emisores enfrentaron un entorno de mayor riesgo y menor liquidez.
No fue solo una caída temporal de ingresos; fue un punto de inflexión en el modelo de negocio.
En su afán por ser sustentables y con una visión mucho más a largo plazo, los bancos pusieron su mirada en el gasto táctico de las empresas, el cual representaba un gran reto, pero también una gran oportunidad para desmarcarse de sus competidores.
Adaptaron sus equipos comerciales en verticales, profesionalizaron sus campañas y empezaron a “hablar” el mismo idioma que sus clientes para entender no solamente sus procesos, sino su ecosistema, y con ello incrementar su replicabilidad a través de su portafolios.
Alinearon sus estrategias B2B para diseñar productos para pequeñas y medianas empresas al tiempo que seguían robusteciendo sus soluciones para grandes corporaciones multinacionales. Sus modelos de riesgo y fraude evolucionaron al grado de poder soportar millones de dólares en líneas de crédito y las conversaciones comerciales sobre rentabilidad y capital de trabajo eran lo único que se escuchaba en las reuniones de negocio.
Sin embargo, la verdadera transformación aún estaba por venir.
En 2025, se estima que más del 60 %[1] de los pagos B2B globales todavía se procesan mediante métodos tradicionales (como cheques o efectivo), lo que demuestra que la adopción de pagos digitales corporativos no está plenamente consolidada. Esta brecha representa una oportunidad significativa para emisores, adquirentes y plataformas que apuestan por automatización, integración y digitalización.
El segmento corporativo ya no compite solo entre bancos tradicionales. Compite con Fintech B2B que ofrecen onboarding en minutos, con plataformas SaaS que integran pagos embebidos y con soluciones API-first que se conectan directamente a los ERP.
La verdadera ventaja competitiva estará en la capacidad de integrar ecosistemas, convertir datos en inteligencia y acompañar estratégicamente el flujo completo de gasto empresarial.
El CFO moderno ya no busca únicamente financiamiento. Busca:
- Visibilidad en tiempo real
- Automatización de cuentas por pagar
- Optimización de capital de trabajo
- Data accionable
- Integraciones simples y seguras
En este contexto, la tarjeta corporativa deja de ser un medio de pago y se convierte en una plataforma de gestión financiera.
Después de 25 años viendo evolucionar este producto, tengo claro que el segmento corporativo no se detendrá, pero tampoco perdonará la inercia.
El futuro no pertenece a quien emita más tarjetas, sino a quien entienda mejor el negocio de sus clientes.
[1] https://gitnux.org/digital-transformation-in-the-payment-card-industry-statistics/
